Hay obras que transforman ciudades y otras que las salvan.
La Mina de Daroca es una de las grandes obras de ingeniería histórica de Aragón y está considerada una de las actuaciones hidráulicas más importantes de la Europa Moderna. Excavada en pleno siglo XVI, permitió resolver uno de los mayores problemas de la ciudad: las devastadoras riadas que periódicamente inundaban Daroca. Fue Declarada BIC (Bien de Interés Cultural) el 7 de agosto de 2002.
Hoy sigue sorprendiendo por su escala, su complejidad y su capacidad para seguir funcionando siglos después.
La obra hidráulica publica más importante de Europa en el siglo XV, atraviesa el cerro de San Jorge, tiene entre 600 a 700 metros de longitud por 6 metros de ancho y 7 metros de alto.
A finales de la edad media Daroca había crecido considerablemente, se había ocupado todo el espacio edificable entre los cerros, de San Cristobal y San Jorge. La calle principal se construye siguiendo el curso del barranco de la rambla Fondonera; esta rambla recoge todas las aguas que se vierten al rio Jiloca desde la zona de Nombrevilla y Retascon, en época de tormentas son muy caudalosas y torrenciales. Por este motivo y por ejercer como presas las monumentales puertas Alta y Baja había problema de constantes inundaciones.
A principios del siglo XVI, por miedo a que la ciudad pudiera llegar a desaparecer arrastrada por una tormenta, se plantea la solución que podría ser la construcción de un túnel que recogiera estas aguas y las llevara directamente al río, sin pasar por la ciudad. Se inician las gestiones y se le encarga el proyecto a un ingeniero francés.
Las obras dan comienzo el día 26 de julio de 1555 por los dos extremos a la vez y, tras cinco años de duro trabajo, el día 7 de septiembre de 1560 las dos cuadrillas de jornaleros se encuentran en el centro. El coste total de las obras fue de 576.299 sueldos.
Las obras menores duraron cinco años más consistiendo en trabajos de embellecimiento de las portadas de entrada y salida y en la construcción de la barbacana o dique de contención para encaminar las aguas hacia el túnel.
La Mina se convirtió en verdadero orgullo de la ciudad, al mismo nivel que el amplio recinto amurallado o la colegiata de Santa María. En las visitas que hicieron a Daroca los reyes de España era habitual que fueran a «pasar la Mina» como así hizo Felipe II, en 1585, acompañado de toda su corte y con varias antorchas para iluminar el camino.
Ha llegado a convertirse en un símbolo verdaderamente mítico para los darocenses, hasta tal punto que «pasar la Mina» supone algo más que un simple paseo, es un auténtico encuentro con el pasado, y con la Historia de la ciudad de Daroca.
En la actualidad, la Mina sigue cumpliendo su cometido de salvar a la ciudad de Daroca de inundaciones.
Durante siglos, las aguas que descendían desde la rambla provocaban graves daños en la ciudad.La solución fue extraordinaria: atravesar literalmente la montaña.
700 metros excavados en roca
Un impresionante túnel hidráulico construido para canalizar las avenidas de agua.
Ingeniería del siglo XVI
La obra fue dirigida por el ingeniero francés Pierre Bedel, responsable de uno de los proyectos técnicos más ambiciosos de su época.
Una infraestructura aún activa
La Mina continúa cumpliendo la función para la que fue creada hace casi cinco siglos.
Recorrer la Mina permite comprender cómo las comunidades históricas transformaban el territorio para adaptarse a él.
La visita combina:
Patrimonio hidráulico
Uno de los mejores ejemplos históricos de gestión del agua.
Geología y paisaje
La excavación atraviesa directamente la montaña, integrándose en el relieve.
Historia viva
Una infraestructura histórica que todavía sigue en uso.
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